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Teoría de costes de transacción

TEORÍA DE COSTES DE TRANSACCIÓN

Gestión empresarial

I. CONCEPTO

La teoría de costes de transacción (TCT) se refiere a los costes a utilizar por el mercado para efectuar algún tipo de intercambio. Esos intercambios pueden llevarse a cabo de forma instantánea y sin que exista un acuerdo previo (mercado spot); pueden realizarse en el marco de un acuerdo entre las partes (mercado más garantías); o pueden no llevarse a cabo cuando los costes de utilizar el mercado o costes de transacción son demasiado elevados, en cuyo caso el potencial comprador deberá organizar él mismo la obtención del bien o servicio.

La primera aportación a la TCT procede de Ronald Coase, en su artículo de 1937 The nature of de firm. En este artículo Coase, además de mostrar su concepción de la empresa como una jerarquía de autoridad y de indicar la importancia de los costes de producción, hace su aportación fundamental al subrayar que utilizar el mercado tiene costes. Si se trata de empresas que mantienen relaciones proveedor-cliente o cliente-distribuidor, los costes de mercado de sus intercambios serán costes de información, negociación y garantía (conocer cuál es el proveedor o el distribuidor más conveniente, establecer el acuerdo y vigilar su cumplimiento). Si se trata del mercado spot, los costes son sólo de información y los acuerdos tácitos del intercambio están recogidos en las cláusulas de protección del derecho civil y mercantil.

II. DESARROLLO MODERNO

El desarrollo moderno de la TCT corresponde, sin embargo, a Oliver Williamson y está recogido en sus libros de 1975, 1985 y 1996, los dos últimos recogiendo los artículos más relevantes publicados por el autor en los años anteriores. El libro de 1985 es la expresión más completa y madura de la TCT. La teoría que presenta Williamson se apoya en dos supuestos fundamentales, relacionados con la naturaleza humana (racionalidad limitada y búsqueda oportunista del propio interés), dos supuestos relacionados con las características del mercado (nivel de inversión específica y nivel general de incertidumbre) y un supuesto que se refiere al número de veces que se repite la transacción, en el marco de un acuerdo de intercambio o contrato (condición de recurrencia). Desarrollamos estas cuestiones en los párrafos siguientes.

Por una parte, en una relación de mercado o en las relaciones dentro de una jerarquía de autoridad o empresa, las limitaciones cognitivas de la racionalidad limitada impiden conocer con precisión cuál será el comportamiento del otro agente o de los otros agentes. Por otra parte, la búsqueda oportunista del propio interés significa conseguir lo que se desea, si es preciso, mediante la simulación y el engaño. Por tanto, si unimos ambas cosas, racionalidad limitada y oportunismo, tenemos los elementos que explican los costes de establecer acuerdos, redactar contratos y vigilar su cumplimiento, es decir, los costes de transacción, que se producirán cuando las relaciones de mercado no correspondan al mercado spot.

En segundo lugar, y este es el núcleo esencial de la TCT de Williamson, las relaciones entre empresas proveedoras y empresas cliente (o entre empresas cliente y empresas distribuidoras o minoristas) pueden tener niveles mayores o menores de inversión específica; entendiendo que una inversión es específica cuando el proveedor, distribuidor o minorista, la lleva a cabo para un solo cliente o para un grupo reducido de clientes y las características especiales de la inversión para esos clientes hacen que pierda un valor sustancial en cualquier uso alternativo.

Si la inversión específica no es relevante y, por tanto, sirve para un amplio número de clientes, en general será realizada también por un amplio número de proveedores, dando lugar a un mercado de competencia entre muchos o mercado de buen funcionamiento. En este caso –ésta es la idea fundamental de Williamson–, la competencia del mercado disciplina los comportamientos, reduciendo el oportunismo, facilitando la contratación y abaratando los costes de transacción. Si la inversión específica es relevante, esto implica una relación entre pocos oferentes y pocos demandantes, la competencia entre pocos permite las estrategias particulares y se elevan los costes de contratación y de transacción. El mismo razonamiento se aplica a las relaciones de la empresa cliente con distribuidores o minoristas.

Por otra parte, la variación del nivel de incertidumbre cambiará la frontera que corresponde a la conveniencia o no conveniencia de realizar la inversión específica. Un aumento del nivel de incertidumbre hará más costosa la redacción de algunos contratos y el aumento de costes de transacción llevará a la no conveniencia de determinadas inversiones (o viceversa). Y en lo que se refiere a la condición de recurrencia, la realización de un mayor número de intercambios en el marco de un contrato abarata su coste (o abarata el coste unitario) reduciendo los costes de transacción y facilitando la externalización (o viceversa).

La importancia de los párrafos anteriores es que el nivel de los costes de transacción facilita o dificulta la externalización de actividades de las empresas cliente y esto explica el tamaño de dichas empresas (su nivel de integración vertical) y, más en general, explica la estructura de la producción en las diferentes industrias, con una mayor concentración de las actividades o con una mayor distribución de las mismas entre empresas proveedoras, distribuidoras y clientes. A esta cuestión se refiere Coase (1991) como la estructura institucional de la producción y esto explica, en el pensamiento de Williamson, su interés por los niveles de externalización o de integración vertical de actividades.

El interés por la estructura institucional de la producción sitúa la TCT de Williamson en el centro de la investigación sobre los mercados. Para Williamson la explicación de porqué una actividad se mantiene integrada o se externaliza se basa en la eficienciacomparada o en los costes relativos comparados. Si en los costes directos e indirectos de organizar la empresa cliente, la producción de un componente son menores que el precio de mercado del proveedor más el coste de transacción, deberemos mantener integrada la actividad o internalizarla; en caso contrario deberemos externalizar. Y esto mismo se aplica a la relación de la empresa cliente con sus empresas distribuidoras o con las empresas minoristas con las que tenga relación directa. Según Williamson, la competencia del mercado obliga a las empresas a perseguir la eficiencia, de modo que este requisito, indispensable para la sobrevivencia, es condición necesaria para todos los demás objetivos de la empresa.

Las cosas, sin embargo, como han planteado recientemente Jacobides y Winter (2005), pueden ser algo más complejas. El proceso de maduración y difusión de las tecnologías y la conveniencia de externalizar, cuando esa difusión permite costes de producción más bajos del proveedor, hace que mejore la disposición de los agentes a contratar, abaratándose los costes de transacción. Como consecuencia, aquí es la producción (o la tecnología y la producción), al menos en pie de igualdad con la transacción, la que explica la integración de las actividades o su externalización.

Williamson también ha aplicado la TCT al ámbito interno de la empresa en diferentes sentidos. En primer lugar, para explicar la pertenencia a una misma empresa de unidades técnicamente separables. Para Williamson los elevados costes de mantener acuerdos contractuales entre unidades organizativas independientes, lleva a la conveniencia de su integración en una sola empresa. Los costes de administración conjunta de esas unidades son inferiores a sus costes de contratación a través del mercado.

En segundo lugar, en cuestiones que tienen que ver con el uso de la jerarquía para reducir el oportunismo y, así reducir el coste de gestión de las unidades técnicamente separables, Williamson (1985) recomienda utilizar formas de observación directa de la organización junto a la información contable, como un medio complementario de control. De este modo, cuando se controlan unidades técnicamente separables, como ocurre en la empresa divisional, la información descriptiva, obtenida mediante observación, permite una mejor interpretación de la información contable.

Finalmente, en lo que se refiere al control y a la ordenación de incentivos dentro de una misma unidad organizativa, Williamson distingue, en primer lugar, lo que para la empresa es trabajo específico o idiosincrásico, del trabajo no idiosincrásico. El trabajo no idiosincrásico la empresa puede contratarlo en el mercado, mientras que el trabajo idiosincrásico contiene conocimientos y habilidades especiales, necesarias para la organización, que son fruto del aprendizaje dentro de la propia empresa y que ésta no puede obtener en el mercado. Por consiguiente, deberá haber políticas orientadas a la retención y satisfacción de los trabajadores idiosincrásicos. En segundo lugar, Williamson (1975) ha matizado cómo debe ser la forma de control de los trabajadores operativos: un control demasiado estricto puede impedir que el trabajador aporte su experiencia y su conocimiento tácito, empobreciendo así su aportación a la empresa.

La TCT de Williamson es una de las grandes teorías contemporáneas, sujeta a diversas críticas y evolución, cuyos principales rasgos acabamos de exponer.

Marta Peris-Ortiz

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